Mujeres

¿Alguna vez os han preguntado eso de “Quién eres”?
No es una pregunta fácil de responder, y en mi caso, y tras meditarlo mucho, me inclino a pensar que estoy hecho de retazos de las personas más importantes de mi vida. En mi caso, y casi sin excepción, hablamos de mujeres, que me han marcado, y como no podría ser de otra manera, siempre para bien. La mujer más importante de mi vida ya no está, aunque la tengo presente todos los días, y no es otra que la que me dio la vida. Mi madre no solo me tuvo asilado 9 meses en su acogedor útero, sino que hasta el último aliento de su vida fue una excelente madre. Me dio las lecciones más importantes de mi vida, y el 80% por ciento del hombre que conoceis, se lo debeis a ella. Luego están mis hermanas. Me llevo bastantes años con ellas, y han cumplido una función de madres supletorias, además de las propias que ya cumplen como hermanas. Mi hermana menor tuvo el gesto más bonito que nadie jamás ha tenido conmigo, y dudo que nadie puede nunca superar. Ambas son mujeres maravillosas y a las que quiero con locura. Luego están mis sobrinas. Mis niñas, mi desvelo, las hijas que no tuve, las amigas que me devuelven a los años de locura e inconsciencia. No puedo olvidarme de mis tías, cada cual tan suya… Todas han tenido su momento conmigo, pero es mi tita Antonia la que por una cuestión de cercanía física he ejercido un papel activo, casi de segunda madre. Es pura bondad sin aditivos.
Sigo el recorrido por las mujeres de mi vida deteniéndome en mis amigas. Esas que han sido hermanas, confesoras, compañeras, complices y incondicionales defensoras de este que os escribe. Vosotras sabeis quienes sois. Sí, hemos bebido del mismo cubata y hemos llorado juntos en más de una ocasión. También hemos visto amanecer y hemos balbuceado alguna canción abrazados dándole todo el sentido que puede abarcar la palabra amistad. Sí, compañera, tú también has sido y sigues siendo fundamental en mi vida y no quiero que nunca dejes de estar ahí. Luego sería impensable que me olvidara de mis ex. No os guardo rencor por mucho que no mantenga el contacto con ninguna de vosotras. Más bien todo lo contrario. Decidisteis dedicar una parte de vuestra vida a amarme, a quererme y a cuidarme y mi agradecimiento por ello es infinito. Y para finalizar, no puede dejar en el tintero a esas mujeres que ame pero que no me correspondieron. Sois posiblemente las más importantes de todas junto a mi madre y hermanas, y el motivo es que me habeis enseñado entre todas una lección de vida que no se puede aprender sino es amando de verdad. Me habeis enseñado a ver que tras la amargura del dolor que conlleva el desamor hay un sabor dulce, que implica el renacer tras un desengaño. Habeis sido las más bellas y mi más oscuro objeto de deseo. Habeis llenado de luz mis despertares y me habeis hecho trasnochar imaginando atardeceres rojos junto al mar caminando de vuestra mano. Me habeis enseñado a perder y a ser mejor, y por eso no os puedo olvidar. Por eso, hoy no os doy las gracias en términos de género, ni quiero hablar de igualdad. Las que me conoceis bien ya sabeis todas como os he tratado… Dicen que el movimiento se demuestra andando. Yo solo digo que espero haber estado a la altura. Mi agradecimiento viene hoy cargado de amor, sin matices, sin nada más que explicar ni añadir. Os quiero y siempre os voy a querer.

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