Rutina

8:00 am. Suena el despertador. Me levanto y voy directo al baño. Con los ojos chinos me miro en el espejo mientras me desnudo. Observo en el espejo a un tipo grande y con el cuerpo recubierto de vello por doquier. Miro mi torso y mis brazos, mis piernas y mis nalgas. Sin duda no soy perfecto, pero, ¿quién demonios quiere serlo? Yo, no. Me meto en la ducha y el agua caliente cae sobremi cabeza. Es muy placentero y poco a poco me va despertando del letargo latente. Me enjabono todo el cuerpo y me recreo especialmente a enjabonar mi barba. Me enjuago y me seco y me visto. Me pongo lo primero que encuentro limpio. Me pongo la chaqueta, los guantes y el casco y salgo de casa dando un sonoro portazo. Me subo en la moto e inicio la marcha. Salgo por mi calle saludando a unos vecinos. Callejeo hasta llegar al trabajo. Aparco y entro por la puerta. Saludo y me dirijo a mi despacho. La mesa, como siempre, está desordenada. Enciendo el ordenador, y consulto los titulares de prensa. Empiezo a trabajar. Primero tareas fáciles y mecánicas, para ir subiendo en complejidad. Acabo al mediodía y me voy a comer. Una vez he comido me acuesto una hora a dormir la siesta y de vuelta al trabajo. Normalmente por las tarde tengo visitas de clientes. Acaba la jornada. Subo la moto y vuelvo a casa. Hago la compra del día y me preparo algo de cenar. Ceno delante de la televisión, y me quedo tirado en el sofá hasta la hora de dormir. Y así todos los días, con pequeñas o grandes variaciones, pero así transcurren mis días. Para hacerla soportable la aderezo con generosas raciones de amistad. Una cena, un cine, una conversación hasta altas horas de la madrugada. Esas pequeñas cosas que hacen que la rutina sea soportable y que hacen que cada día que pasa valga la pena vivirlo. Esas mutaciones necesarias de la rutina antes descrita están protagonizadas por seres de carne y hueso, que son los que le dan sentido a todo lo que sucede alrededor. Tú, que me lees, quizás has contribuido en algún momento a alejarme de la inquietante soledad, o me has rescatado del tedio de una tarde de domingo. O tal vez seas tú,la que me rescatas y me llevas a tomar una copa después de un terrible día de trabajo. O puede que no nos conozcamos, o quizás si, pero eres la elegida para cambiar de una vez por todas mis rutinas…
8:00 am. Cae otra hoja en el calendario. Hoy todo va a volver a ser igual, pero diferente.

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