La Felicidad

Hoy he salido a tomar una copa con un buen amigo, y la copa se ha transformado en un número n de copas, cuya ecuación resulta indeterminada. Cuando dos amigos salen a tomar copas es que tienen bastante que decirse, y por suerte o por desgracia, suele ser que algo falla, que algo no anda bien. Unas veces es el trabajo, otras el maldito dinero y la mayoría de las veces, son los corazones rotos. 

Desconozco el motivo, pero esto de los problemas para encontrar o mantener el amor es una epidemia en estos tiempos podridos. Nunca es la mejor solución, pero abandonarse a los efluvios del alcohol genera un estado, quizás falso, que hace que florezca la sinceridad con el compañero de barra. 

Hoy no ha sido ni la primera vez, ni tampoco la última. En estos años noches como la de hoy se han repetido, con diferentes compañeros y distintas circunstancias, pero en todas ellas había un denominador común. Todos intentamos ser felices. Esto que resulta tan evidente, en realidad no lo es tanto, porque a menudo nos vestimos con corazas que hacen que sea imposible conseguir el utópico objetivo que a todos nos obsesiona. Todos queremos ser queridos, aceptados, amados tal y como somos, pero a la vez nos da miedo mostrarnos tal y como somos… y así no se puede ser feliz…

Así la felicidad rebota en nuestras corazas, resultando seres impenetrables. No se puede vivir con miedo a querer, yo al menos no quiero. Y si soy vulnerable, bienvenido sea. Esa es mi apuesta. Ese es el camino que sigo para ser feliz.

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