Amor

Cada vez que me siento ante el teclado para contar lo que pasa en mi mundo me invade un mar de dudas. En primer lugar, no se que tono emplear, porque se quien me lee y quien no. Quien me conoce bien sabe que las he pasado de todos los colores y no se van a preocupar en exceso porque pueda escribir unas letras tristes. Hay quien, sin embargo, se alarma y no asume que lo que intento transmitir es el hastío lógico y recurrente, que hoy es mio, pero que tras evaluarlo detenidamente, pudiera ser elevado a categoria, y si me apuras con carácter generacional. Hoy me preguntaron mi cumpleaños, y casi me daba vergüenza. Ya caminamos hacia los 38. Los 40 están a la vuelta de la esquina y yo aquí buscando a campanilla, revuelto de tempestades y absorto en mil lunas gigantes, que me empequeñecen a cada paso (fugaz) que doy.

Sí, quizás a menudo resulte demasiado intenso, y puede que también resulte demasiado sincero. No soy nadie especial. Tengo tres o cuatro cualidades que no me han servido de mucho y un saco repleto de inseguridades que me viene lastrando desde la adolescencia. Los golpes de la vida? Sí, puede que tuviera unos cuantos, pero no más que otra gente que me encuentro cada día y no me los encuentro gimoteando por las esquinas, esperando avidamente un poco de compasión. No, ya no espero, tú, que siempre me lees, ni un segundo de complacencia más. Si me quieres y me encuentras haciendo el ímbecil, dame un buen puñetazo en el mentón. Quiereme, pero de verdad. Como quieren las madres, que cuando lo merecen resultan implacables para sus hijos. Quiereme sin concesiones, sin darme cuartel, dándome la paliza que merezco cuando pierdo los papeles.

Después de esto, sería muy difícil hablaros de amor, y os prometo que esa era mi única intención esta noche. De nuevo el insomnio me acecha y me dice que no vamos por el buen camino. Para mi se fueron los sueños de los planes que me inculcaron como correctos. A la mierda el tener una familia feliz, un pisito, una hipoteca y un coche… Lo que hay es lo que veis. Este barbudo, soltero profesional, y que te escribe porque te quiere asume que ha perdido la batalla. De sobra sabes que no me importa ser menos que el último de la fila. Creo que podría soportar cualquier cosa, pero se me hace muy difícil vivir sin sentir que tú también me quieres. Es lo que hay, sin maquillajes ni aditivos. Sin amor, no soy nada.

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