La Playa

Quédate callada. Es solo un momento. Ven, camina conmigo. Dame la mano y no mires atrás. El horizonte parece lejano, pero ¿me vas a decir que no es precioso el paisaje?

No me digas nada y yo también te prometo un rato de silencio. No estropeemos con palabras la perfección. Camina conmigo, ven. ¿ Has visto alguna vez tanta belleza?

Pasos que se van a ninguna parte. Sueños que se van directos a Marte. Besos nunca dados. Cansancio. Ganas de abrazarte. Y un viento que nos mueve las alas, que nos quiere hacer volar, y yo con las alas clavadas.

Y te fuiste. Y aparecías alguna tarde para decirme lo que no quería oír.
Y yo te decía justo aquello que no te quería decir. Ni un paso sin traspiés, ni una patada bien dada. Como un polvo sin poder dar una calada después. La condena del día siguiente a la sentencia de las miradas de la gente que no nos puede ni ver.

Y saliste sin avisar y las pistolas sin cargar. Ya no llovía en la ciudad y daba igual si era lunes o era martes. Disculpa si llegué sin avisarte, pero me quedaron los pies con ganas de subir al siguiente tren y no volver.

Y ya no queda nada. Algunos pensarán que estás chalada, pero tu lo sabes que yo te guardaré en un lugar que hay entre mi pecho y mi espalda. Espero que no haya sido nada, y que las heridas estén curadas. ¿Volveremos a sentir alguna vez?

Yo me quedo en nuestra playa…

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