El Boxeador

El boxeador casi derrotado, a punto de caer a la lona no para de bracear buscando a su rival en el viento con los puños apretados y la sangre cayendo.
El boxeador no se rinde, el boxeador no se esconde, el boxeador resiste y aun cuando la cuenta atrás es irremediable busca en el último suspiro encontrar el golpe que gane.
El boxeador no ha perdido, solo pierden los cobardes, pero llegará el momento en que besar el suelo sea un mal menor. El boxeador un día colgará los guantes y leerá en los periódicos la gloria pasada y que no volverá. El boxeador sigue el camino, las cuerdas le protegen.
El boxeador ha caído. Ya no queda nadie y las apuestas no auguraban lo sucedido. El boxeador ha caído en la hora exacta en la que caen los grandes. No habrá salida a hombros por la puerta grande, solo bendas, alcohol y sangre. Sabía bien que la derrota iba a llegar más pronto o más tarde. Sus ojos ensangrentados se pierden en una pared blanca sopesando lo ocurrido aquella tarde. El boxeador llora. El boxeador calla. El boxeador se pierde para siempre… busca en lugares ajenos el calor para olvidar lo que pudo ser y no fue. Adiós boxeador, pelea esta noche por última vez… adiós boxeador, encaja este golpe cayendo de pie…

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One thought on “El Boxeador

  1. “La fe es un grave sufrimiento
    es como amar a un extraño en vano
    que no se presenta por mucho que uno llame,
    desesperado
    ¿Por qué siempre conviene alegrar a la gente?
    También de vez en cuando está bien asustar un poco.”

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