La ciudad maldita

Hace bastante tiempo ya, cuando todavía miraba el mundo con los ojos de un niño, la vida me parecía una gran aventura. Todo era pura magia y ganas de descubrir cosas nuevas, a pesar de la apariencia gris de aquel mundo a caballo entre las décadas de los 80 y los noventa. La ciudad estaba en obras, preparándose para las olimpiadas del 92, y dejando atrás un pasado industrial y gris. Había como una especie de catarsis colectiva, dónde todos hacíamos lo posible para contagiarnos de esa alegría de los anuncios de Coca Cola y de los Happy meal de McDonald’s. Barcelona se habría al mundo para bien o para mal y yo, por mi parte, dejaba atrás la niñez, adentrándome en las turbulentas aguas de la adolescencia. La inocencia dio paso al deseo, y en sus libidinosas mareas me gradué en amores con más pena que gloria. La ciudad estaba de resaca y yo me quería beber lo que había quedado. Mala receta para un hombre sensible que, golpeado por la vida, despertaba de golpe de la mejor siesta de su vida para ver ante sus ojos la peor de las pesadillas. El tiempo no paraba y los trenes no dejaban de pasar. La ciudad ya volaba y yo sentía quedarme atrás. Me vi, y ya casi no me reconocía. Qué quedaba de esos ojos vivos que se comían el mundo cuando el mundo los había devorado… Nada… O el poso de la esperanza que dicen que nunca se pierde… Y la vida se reía una vez más, y yo ya no reconocía nada de aquella ciudad… ya no era aquella chica joven de generosas formas y carácter afable y cariñoso. Ahora era una mujer sofisticada que no acababa de encontrar su lugar en el mundo, fría y distante aunque algo loca quizás… Ahora estoy frente al espejo tocándome mi larga barba. Me miro a los ojos y veo algo diferente. Soy un hombre con la piel curtida que se niega a envejecer. Han vuelto a mi las pupilas del niño que fui, y aunque se me arrugue la expresión de mi mirada seguro que será de sonreír. Las cosas no van bien, pero la gente que me quiere me dice que no cambie y yo no se que hacer. Tengo muy claro qué es lo verdaderamente relevante en la vida y estoy dispuesto a luchar por ello. Y es que si uno no lucha por lo que quiere ¿qué le queda? Bueno, no será cuestión de averiguarlo… Solo se una cosa, que esta noche, cuando los ojos de niño que hacen que vea este viejo se cierren, estarán pensando en ti…

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