Suite de otoño

La puerta estaba entreabierta y dejaba ver una linea de luz desde el exterior. Inhaló la última calada del último cigarro y abrió la puerta. Nunca había estado allí, pero de algún modo sentía que aquel lugar le era familiar. Se quitó la chaqueta dejándola sobre un sofá de sky. Aquella habitación estaba anclada en el pasado, como si nadie hubiera entrado en la habitación en décadas si no fuera por ciertos detalles que dejaban al descubierto que aquella habitación era completamente actual. No había nadie allí. Se desaflojó la corbata y se sirvió una copa de whisky, al natural. Se sentó en el sofá y se bebió la copa y se levantó para servirse otra. Esta vez con más calma pero también la bebió. Se levantó por tercera vez y se sirvió otra copa más, esta vez un poco más larga, y esta vez tardó una eternidad en bebérsela. Bebía sorbos cortos que degustaba con delectación, parándose a disfrutar de los matices que el escocés dejaba en su paladar. Por su mente no pasaba ningún pensamiento que no estuviera relacionado con aquella copa que sostenía entre sus dedos.Al final la copa se acabó y de nuevo se volvió a levantar y se sirvió una cuarta copa. Miro por la ventana. Era de noche y la calle estaba vacía. Se escuchaba el llanto de un niño proveniente de alguno de los pisos cercanos. Seguía bebiendo, pero ahora estaba sentado deambulando por la habitación. Se daba cuenta que la puerta seguía entornada, tal y como la había encontrado. Encendió el televisor pero no sintonizaba ningún canal. Solo se veían interferencias y reverberaciones en la pantalla. Se quedó embobado viéndolas mientras apuraba el vaso de whisky. Se sirvió una quinta copa de whisky. Su mente esta notablemente mermada en sus facultades. Seguía de pie aunque recostado contra una pared. Sonó el teléfono. Era el sonido del timbre de un teléfono antiguo. Levantó el auricular. Se trataba de una mujer. Era la llamada que esperaba. Sin decir una palabra Se sirvió la última copa de whisky. La bebió de un trago y salió dando tumbos de aquella habitación. Bajo con dificultad las escaleras hasta llegar a la calle y caminó durante varios minutos por las aceras de la ciudad hasta encontrar un taxi. Subió al taxi y le dio la dirección. Durante el camino veía como pasaban las siluetas de la ciudad como si fueran una alegoría de su vida. En el taxi sonaba música oriental, lo cual le pareció desconcertante. Llegó a su destino. Había amanecido. No sabía dónde estaba la chaqueta. Tampoco recordaba mucho de lo que había sucedido aquella noche. Solo recordaba la voz de aquella frase. Aquella que nunca quiso escuchar.

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