Tuyo

Hoy me he dado cuenta de que tenía 36. Hace ya meses que los cumplí, pero ayer me sorprendí diciendo que tenía 35 y me di cuenta que no, que no era cierto, que ya estábamos en septiembre de 2015, que el verano estaba a punto de acabar y que ya tenía otro año más y en consecuencia, ya estoy más cerca de los 40 que del comienzo de la treintena. Me he mirado al espejo y he visto a un tipo que casi ni reconocía. Ese no era yo, aunque el trozo de carne en el que habito tuviera ese aspecto. Es una suerte que el mundo no esté lleno de espejos, porque no se si soportaría verme todo el rato. Me miro y me meso la barba. A veces me preguntan cuando voy desaliñado si no me he mirado en el espejo antes de salir de casa y siempre esa observación es certera. Me vuelvo a mirar en el espejo y me doy cuenta que he dejado de preocuparme por mi “envoltorio” y que me muevo en lo metafísico que me envuelve. Mi vida es lo que ven mis ojos y lo que siente mi alma. Todo lo demás me parece accesorio y banal. Pienso y pienso y pienso y vuelvo a pensar y no pienso en nada que me vaya a ayudar, y busco y busco y me vuelvo a buscar y no encuentro nada por lo que merezca la pena echar la vista atrás. Aún hay luz fuera y en mi televisión suenan canciones antiguas. Me siento solo viendo como cae la tarde escuchando la monótona cadencia del enjambre de ahí fuera. Los domingos ya no son lo que fueron. Una angustia inquietante me llena de lunes. Me vuelvo a mirar al espejo y tengo los ojos tristes. Cojo la guitarra, la suelto. Me levanto, me siento y hago todo lo posible para no caer en la red de araña. Me doy cuenta de que es del todo inevitable no pensar en ti a pesar de que se que el pensamiento solo me hace no salir de aquí y me atrapa y yo no hago nada para salir. Y no es cuestión de cobardía ni de haber bajado los brazos, simplemente no quiero dejar de pensarte porque es lo único que me queda de ti, y se que en el momento en el que eso suceda te desvanecerás entre la bruma de mis recuerdos. El sol se va yendo y no puedo dejar de escuchar la misma canción. Dirán lo que quieran de mi, eso no me importa, pero yo sigo encerrado en la misma prisión. Y se que si pudieras, marcharías de mi para dejarme el viento libre de los recuerdos que me diste, pero me gusta tanto andar bajo la tormenta que no puedo evitarlo. Soy y seré esa canción que me inventé solo para tus oídos y que nunca susurré. Por eso donde quiera que estés, no voy a dejar que te vayas, no puedo dejar de pensarte… Soy tuyo y tu eres mía, al menos en mi pensamiento… No me queda nada más…

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