La mala hora

La mala hora, incandescente, bruja de lunas que barren la noche sin escobas, sin colores menos el pardo, de amantes impacientes y de soñadores recurrentes en sueños que por verte queman la noche de dulce whisky. La mala hora, de gatos sin tejados, de azoteas sin antenas ni mensaje que retransmitir. La mala hora de los presos sin condena, de las guitarras sin cuerdas, de los suicidas sin vocación. La mala hora en que te busco. en que te quiero, en que te siento y te encuentro a dos pasos de la luna, tan inalcanzable. La mala hora de la nube cubriendo las estrellas, de los poemas que se callan, de los silencios que chillan tu nombre. la mala hora de los que viven muertos y de los que mueren sin vivir, de las voces quebradas y las canciones por descubrir. Sí, es la mala hora en la que te escribo sin cesar, porque ya no me queda más, porque el reloj me devuelve la noción de la realidad y me enredo como una madeja pensando en que volverás, y en que mala hora en la que decidí quedarme en el mismo lugar, queriéndote callado y sin rechistar, sin condiciones ni pecados, como el que ama por amar. Que mala hora vi esa belleza en tu mirada, que mala hora en la que te quise acariciar con mis palabras, que mala hora la ausencia eterna que pasa la vida sin pasar. Que mala hora para perderte. Que mala hora para mirar la lluvia desde el cristal. Que mala hora eternamente. Que mala hora para no verte más.

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