Como los gatos…

Me gustaría poder ser un super hombre que no tuviera sentimientos. Quedarme inerte como una piedra y dejar caer sobre mi la lluvia, el sol o los relámpagos. Pasara lo que pasara estaría siempre firme, pasara lo que pasara me daría todo igual y no me afectaría nada de lo que sucediese a mi alrededor. Digo esto, y quizás no es cierto, porque no se vivir sin sentir, pero hay momentos, en los cuales, al menos por un instante, querría ser esa piedra inmune a tempestades y calamidades varias.
La vida golpea duro y va directa a buscar el hígado para reventarte sin compasión, pero yo no soy de hincar la rodilla ni de los que dejan que alguien me tire la toalla desde el rincón. Soy lo que soy a base de encajar golpes y si hoy me haces daño, no te preocupes por mi, soy como los gatos y caigo de pie, y no me duele…
Hoy me ha dado una lección un bebé de 10 meses, a quien le han hecho un daño atroz, un daño físico e inhumano. Sus gritos me estaban desgarrando el alma hasta el punto de que ha habido momentos que me he tenido que ir porque no podía soportar tanto sufrimiento. Cuando las enfermeras han acabado de “torturarle” al instante estaba sonriendo y mirándome con su mirada pícara deseando que le prestase atención… estaba deseando reírse después de haber sufrido un dolor horroroso… Se que los mecanismos cerebrales de los niños no son iguales a los de las personas adultas, por eso pienso que sería muy interesante el hecho de desaprender lo que sabemos para ser más niños. Quedarnos con lo básico, como es el hecho de acercarnos a quien bien nos quiere y alejarnos de todo aquello que por una cosa u otra nos pueda resultar dañino. Yo, estoy intentando de aplicarme el cuento y centrarme en las pocas cosas realmente auténticas y reales que tengo en la vida. Hay veces que por mucho que uno se empeñe no puede cambiar el color de las cosas, así menos la forma de actuar y de pensar de las personas. Todos somos seres imperfectos y yo el que más, pero me he dado cuenta que en el fondo solo busco una cosa en la vida que es que me quieran. En mi caso el hecho de no encontrar el amor es una cosa desgraciadamente muy común, pero que le vamos a hacer… Hoy la verdad, no me apetece nada esforzarme en nada y en nadie… a diferencias del maestro Bunbury para mi escribir si es una forma de huir y por eso estoy aquí delante de la pantalla juntando pensamientos inconexos fruto compartido de la apatía y del desengaño. Mañana será otro día, y quizá me apetezca volver a volar un poco, mirar al cielo y ver si por un casual a las estrellas les ha vuelto a dar por alinearse… con un poco de suerte ese momento llegará pronto, de mientras, tenedme paciencia… Hoy más que nunca, gracias por leer…

El falso John Boy

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