El camino del exceso

El ser humano vive a través de las percepciones que recibe a través de sus sentidos. Todos tenemos, en principio, los mismos, aunque cada individuo tiene unos más agudizados que otros. Harina de otro costal son las variaciones que ciertas sustancias puedan tener en nuestra forma de percibir las cosas. Otras veces ocurre que ciertas cosas ni se perciben y pasan completamente inadvertidas, aunque a pesar de que nosotros en otro mundo, están pasando delante de nuestras narices. Sí, hablo de lo que pasa cuando estando de fiesta pillamos una cogorza de campeonato o cuando nos hemos fumado Ceuta. En estos casos, a lo largo de mi dilatada carrera de juerguista empedernido, las lagunas en la memoria son frecuentes. Cuando cantamos, tenemos la voz de Freddie Mercury y hacemos el Moonwalk igualito que el mismísimo Michael Jackson. ¿Qué puedo decir? ¿Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra…? Y si estáis libres de pecado, qué queréis que os diga… sois unos sosos… EL otro día viendo unos videos en todo el esplendor de mi completa ebriedad pensé mucho en EL Cigala, y me sentí muy cerca de él. También me recordé de Fernando Arrabal… Yo no soy bebedor, pero cuando bebo, bebo… Y excesivo como soy busco llegar al éxtasis etílico para sumergirme más en la percepción sensorial del momento. Es difícil de explicar, pero a pesar de la merma sensorial que produce el alcohol, la percepción que recibes es mucho más dulce… Traducido a un lenguaje fotográfico es como si desenfocáramos la imagen, o si habláramos de pintura, pintáramos con un trazo más grueso, dirigiéndonos hacia el expresionismo. Esa difuminación sensorial y la conexión con lo onírico hacen que un buen pedo pueda llegar a ser mucho más que el triste beber para olvidar. Aquí, el alcohol actúa como una anestésico para el alma, y eso, aplaza, pero no resuelve los problemas. Pero no es de eso de lo que os quería hablar hoy. Os quiero hablar del trago dulce, no del amargo, del que se toma tras alzar el vaso y brindar, entre otros, por ti. Y no del que se hace cuando uno está ebrio, ni el que se hace cuando la nostalgia nos invade en el momento que el calor del alcohol nos abraza. No. Te hablo del brindis que hago cuando en la ausencia me faltas, como me faltas todos los días. No se, qué quieres que te diga… soy un animal y no se hacerlo de otra manera, mi camino es el del exceso, y el exceso, como todos los caminos, a menos en los míos, me conducen a ti… Cómo pensar qué no te tuve presente…

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