¿Pitar o no pitar?

El Sábado pasado en el Camp Nou de Barcelona el Athletic de Bilbao y el F.C. Barcelona se enfrentaban en la final de la Copa de S.M. El Rey. A la entrada del monarca Felipe VI al palco del Camp Nou sonaba la Marcha Real, es decir, el Himno nacional de España. Acto seguido la gran mayoría de los asistentes al evento comenzó a silbar el himno haciéndolo inaudible.

Muchos dirán que dicho acto constituía un acto de libertad de expresión de las personas que allí asistían, y en mi opinión por supuesto que lo fue. Hoy, Lunes 1 de Junio la gran noticia de portada en todos los diarios e informativos del País fueron los 50 y pico segundos de pitada, en ligar de los más de noventa minutos de espectáculo fustbolístico que ambos equipos ofrecieron.
Es notable que corren tiempos convulsos y que el tema soberanista dista mucho de estar zanjada. Cierto es que desde todos los medios de comunicación afines a la causa independentista se ha ido calentando desde bien temprano el calderín para que la masa acudiera al Camp Nou con ganas de silbar el himno en un supuesto acto de repulsa al himno y a todo lo que representa. A mi la verdad me parece que pitar un himno, cualquiera, me parece una necedad y una falta de educación. Básicamente porque un himno representa una serie de sensibilidades para mucha gente que debe ser respetada.
Otra cosa bien diferente es lo que se viene apuntando desde diversos sectores de la prensa, y desde el propio gobierno Español, prometiendo sanciones a todo aquel que haya pitado el himno, ya sea para los propios particulares que realizan la acción individual de pitar así como a las instituciones que han promovido este acto de protesta.
Cabe destacar dos aspectos: Primero es la estoicidad con la que Felipe VI aguantó la pitada, y no solo eso, la casa real no ha hecho ningún comentario al respecto, básicamente porque el acto, no requiere comentario. El Rey va a un acto y la gente le pita y este aguanta el chaparrón como es de recibo, ya que se debe a sus súbditos y debe respetar sus opiniones.
El segundo aspecto a destacar es que aparentemente estamos en una democracia, y como tal, en lugar de sacralizar los símbolos de dicha democracia y del estado que lo representa lo que hay que sacralizar son los derechos que la sustentan. La libertad de expresión es uno de estos derechos inalienables los cuales son incluso objeto de Amparo Constitucional, por más que a mi me parezca pitar el himno de una catetez total.
Buscando ejemplos en el exterior se me ocurre mirar hacia los Estados Unidos de América. Allí antes de todos los eventos deportivos que se celebran en el País se canta el himno y se iza la bandera, y es un acto bien solemne, que se ejecuta sin excepción, ya sea la final de la Superbowl o un modesto partidito de beisbol de escolares en el Estado de Alabama. Pues bien, este País que protege tanto sus símbolos también protege el derecho de sus ciudadanos de quemar la bandera, y fue el Tribunal Supremo de los Estados Unidos quien estudio esta cuestión en el año 1989 (sí, ha llovido bastante) y resolvió que la primera enmienda de la Constitución estadounidense, la que promulga el derecho a la libertad de expresión protege el derecho a quemar la bandera. El juez Kennedy, juez de la corriente conservadora del Tribunal en aquella época señaló “Mucha gente, incluso aquellos que han tenido el honor singular de llevar la bandera en el combate se mostrarán consternados con nuestra decisión”. “Pero hay veces que es necesario tomar decisiones que no nos gustan. Es irónico y a la vez fundamental que la bandera debe también proteger a aquellos que no la acatan”.
En nuestro ordenamiento, más allá del propio derecho a la libertad de expresión recogido en el art. 20 de nuestra Carta Magna, también está recogido en el art 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a nivel jurisprudencial sólo la Audiencia Nacional se ha pronunciado sobre el hecho de la legitimidad de silbar el himno nacional, fallando, como es lógico, que dicho acto no supone ningún tipo de ilícito, ya que está protegido por las normas fundamentales señaladas. Leía hoy noticias en la prensa que el ejecutivo iba a legislar al respecto para que este “acto execrable” no vuelva a suceder. Bueno, a mi juicio están haciendo el ridículo y lo lamentable es que en este caso los nacionalistas , y ya ha quedado bien claro que yo no lo soy, a pesar de maleducados, tienen toda la razón. El gobierno y todos aquellos que sacralizan el himno en lugar de sacralizar el hecho de que la gente pueda expresarse en libertad, lo único que consiguen es que la ola se haga más grande. Y lo peor de todo, a mi parecer, es que aquel evento era un partido de fútbol, y durante el mismo un señor Argentino tuvo a bien el deleitarnos con una de las mayores obras de arte hechas gol que se han podido ver nunca en un estadio… señores políticos, de uno y otro lado… ¿No tienen ustedes suficientes con abochornarnos a diario como para ahora ir a ensuciar algo tan noble como debería ser el deporte? Dediquense a gobernar, a sacar a Españoles de las listas del paro y déjense de marear la perdiz con los pitos de la gente, así a lo mejor, consiguen que la gente, cuando vaya a ver un partido de fútbol, no este pendiente de si suena o no suena el himno…

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2 thoughts on “¿Pitar o no pitar?

  1. El hecho de silbar y abuchear al rey y al himno que representa a los españoles no tiene demasiada importancia en sí, pero la historia está hecha a base de cosas relativamente importantes para unos y muy importantes para otros que van creando una espesa capa de rencor, resentimiento y odio que se va acumulando. Que el nacionalismo catalán y vasco se definan por su odio a España no es importante, pero puede, a la fin, ser una suma de cosas que algún día estalle violentamente. Si yo te digo que eres un gilipollas por escribir un artículo como este, me puede amparar la libertad de expresión y mi derecho a expresarme sin cortapisas, pero sin duda te herirá y nuestra amistad puede quedar seriamente dañada por lo inmotivado del insulto. Yo te puedo pedir que no exageres, que todo el mundo tiene derecho a expresarse y que no tengo nada personal contra ti, pero no es fácil que todo quede del mismo modo. Tal vez me repliques que el subnormal y el hipo de puta soy yo. Es difícil jugar con fuego sin quemarse. Todo deja huella. Y muchos de los que vieron eso desde el otro lado odiarán un poco más a los catalanes y los vascos. Supongo que es eso lo que se busca: ampliar el resentimiento mutuo, que todo termine por estallar por los aires.

    Imagina otro escenario. Cuando suena el himno español todos los asistentes se levantan y se ponen de espaldas y exhiben una gran pancarta que diga: Escolta, Espanya…

    Lo que se hizo pretendía herir, la segunda opción hubiera significado algo mucho más hondo y difícil de de considerar un insulto. Y hubiera hecho pensar a muchos porque no había ánimo de ofensa. Pero el pensamiento catalán no brilló a gran altura en ese acto. Los puso a la misma altura que los cabrones que se embisten a ver quien la tiene más gorda. Veamos cómo sigue el juego. Un poquito más de odio en la cazuela. Vamos bien.

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    1. Si, si yo no niego eso Joselu, y es más, pienso que tienes razón, pero lo que no puede ser es que se niegue el derecho a pitar un himno. El ejemplo que pones, seria diferente, porque ya ahi estas utilizando el insulto y ahi es donde acaba la proteccion a la libertad de expresión. Una pitada, que me parece lamentable, no se haya, en mi opinión, y en la de la Audiencia Nacional, o el TS de los USA, dentro de esa categoría.

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