La senda de los valientes

Quizás plantearse la vida como si fuera la guerra no es lo más adecuado, pero resulta indudable el hecho de que a diario nos toca librar batallas, en todos los aspectos de nuestra vida. Asumamoslo, desde el César hasta Carlomagno, pasando por Napoleón, todos, sin excepción alguna han tenido que claudicar alguna vez. En la vida, muchas veces el rival esta delante del espejo,  y a menudo toca luchar contra nuestros miedos, nuestras frustraciones, o en definitiva,  contra alguna de esas pesadas mochilas con las que vamos cargando continuamente y hacen que nuestra vida sea un completo suplicio. Pero sí, a casa solo vuelven derrotados los valientes que se atrevieron a luchar por lo que querían, los que se enfrentaron a sus miedos y dieron un paso adelante. Sí, a ellos les duelen las heridas de la batalla, pero nunca las espinas de una rosa que nunca se atrevieron a coger. Los que hemos combatido y hemos vuelto a casa derrotados volvemos con esa ambivalente sensación de triunfo en la derrota. Es difícil de explicar, al menos que hayas probado el cerdo agridulce. Así que, compañeros de batalla, os saludo afectuosamente, sabiendo que sois acreedores no solo de mi reconocimiento y admiración, sino también de aquello que solo atesoran los que deciden vivir su vida con dignidad: el valor. Bienvenidos a la senda de los valientes camaradas…

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