La dama de las noches imposibles

Una vez conocí a una chica de una manera completamente inesperada. No voy a explicar el cómo ni el dónde ni el cuando, ni mucho menos el por qué, ya que es completamente irrelevante, pero fue aquella misma noche que me di cuenta de que no tenía ante mi a una chica del montón.

Su apariencia, a pesar de sus recatadas dimensiones, anunciaba que estaba ante una mujer diferente. Tiene una mirada dura y penetrante, de aquellas que se te clavan bien adentro, pero fue otra cosa lo que me llamó profundamente la atención de ella: Ella es la pura encarnación del misterio. Son sus silencios y sus palabras el cóctel perfecto para crear ese clima tenso que solo ella sabe crear, los cuales junto a sus caídas de ojos desarman a cualquiera. Yo no fui una excepción, y en tan solo diez minutos de conversación me había desmontado completamente, y creerme, no soy fácil de impresionar.

Con tal carta de presentación era inevitable que alguien como yo no quisiera saber más de ella, y lo que encontré detrás de aquella mirada desafiante y de aquella inteligencia superlativa me dejó más pasmado aún. Encontré la sensibilidad más extrema que había visto jamás. Si, vi en ella la encarnación del amor puro e incondicional, ,y me sentí mal, porque yo no se sentir de esa manera, tan incondicional como salvaje. Por momentos meditaba sobre los pasos previos que deben darse para poder llegar a ese estado de entrega infinito, y no, aún no he encontrado una respuesta.

Y bueno, ya ha llovido desde aquel día, y las lunas pasan y las hojas del calendario caen inexorables. Hay momentos en los que pienso en ella y en el sufrimiento que conlleva sentir como ella siente, y en la entereza que demuestra cada día, aguantando con un estoicismo de manual los arreones que le va regalando su devoción y su entrega. Lo último que se de ella es lo que ha motivado que hoy esté frente al teclado escribiendo estas líneas. Hoy me ha contado que se había plantado, que no podía más y que ponía punto y final a esa historia de amor tan puro e incondicional. Sí, hoy me ha dado una nueva lección, pues si yo ya no se amar como ella, el valor que demuestra plantándose y diciendo adiós a alguien que lo significa completamente todo en tu vida es… me cuesta encontrar la palabra, pero quizás la que más se acerca es “heroico”. Sí, heroico. Para mi es toda una heroína, pues lo fácil es aferrarse a los sentimientos y seguir adelante, esperando que la cosa estalle en mil pedazos. Y no, en la vida las cosas no acostumbran a suceder por arte de magia. Se han de tomar decisiones, y por norma general, las buenas decisiones suelen doler. Yo mismo debería ponerme frente al espejo y tomar unas cuantas, pero me temo que yo no soy tan valiente como la dama de las noches imposibles… Por eso, hoy le dedico este post,  para que sepa que este pequeño rincón de libertad también es en parte suyo, y sobretodo, deseándole paz y calma y todo lo bueno que después le viene detrás.

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