Entre el cielo y el suelo

Como decía la canción de Mecano, entre el cielo y el suelo hay algo, con tendencia a quedarse calvo de tanto recordar… No sabía como empezar el artículo de hoy ni el enfoque que darle, pero sabía que quería escribir sobre la tragedia del avión de Germanwings, y de las motivaciones del piloto para hacer lo que hizo. Elegí esta frase de la canción Me cuesta tanto olvidarte de Mecano, porque según mi punto de vista me sugiere el descenso hacia los infiernos de Andreas Lubitz. Esa bajada del cielo al granítico suelo alpino, y lo que pasó dentro de esa cabeza asesina, quedarán tan evaporados como los restos de esas 149 almas que lo acompañaban en esa caída infinita. Me pasé el viernes discutiendo con buenos amigos sobre las causas del accidente y el sábado me encerré con el libro Teorías Criminológicas del Dr. José Cid y la Dra. Elena Larrauri, y bueno, sólo alcancé a entender que algo había fallado en la cabeza de ese hombre. Quise escribir este artículo dándole un enfoque criminológico, intentando encuadrar el hecho del crimen en una de las muchas corrientes del estudio de lo criminal que existen, pero todas me conducían al mismo lugar. Luego interrogué a varios amigos a cuenta de si creían en la existencia del mal en si mismo. Es decir, si alguien es capaz de hacer el mal sin ningún motivo, y sin que la enfermedad mental fuera explicación. Todos concluimos que no. Todo nos lleva pues  a la cabeza de Andreas Lubitz. Hay quien lo quiere presentar como la pura encarnación del diablo. Yo no lo veo así. Evidentemente no era ningún ángel. No quiero ni mucho menos que justificarlo, ni que nadie pueda creer que intento quitar hierro al crimen que ha cometido, pero soy de la opinión de que la salud mental es algo de una relevancia capital, a la que a menudo prestamos poca atención. Yo no creo que fuera capaz de perpetrar un acto del calibre que nos ocupa, pero si que creo que sufriendo ciertas enfermedades, nuestro control y nuestra percepción de la realidad pueden estar notablemente alteradas, hasta el punto de no poder distinguir entre el bien y el mal. Sí, se que son dos conceptos muy abstractos, pero todos convendremos en unos mínimos en el que, por ejemplo, entendemos que estrellar un avión contra unas rocas con el pasaje lleno no es un acto que este bien sino que está, sin paliativos, mal. De cualquier manera, para las víctimas, y para sus familiares y seres queridos, en el fondo da igual. No va a servir de consuelo nada de lo que diga yo ni de lo que diga nadie. Para ellos solo les va a quedar el dolor y un hueco enorme en sus vidas. Para ellos no hay consuelo. Para nosotros, los espectadores, nos queda el miedo, la psicosis de encontrarnos frente al horror. Quizás sólo nos están poniendo un espejo en frente. El problema es que es muy difícil aceptar según que reflejos.

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4 thoughts on “Entre el cielo y el suelo

    1. Con todos mis respetos, pues no soy ni psiquiatra ni psicologo, dice que en la misma frase que tiene un transtorno de personalidad, pero que no es un enfermo mental… No se, pero me parece pelin incongruente… Además, no se yo si este señor, en primer lugar, es una autoridad en el tema, en segundo lugar, si con solo lo que lee en prensa es capaz de hacer un diagnostico y tercero, y lo más importante, obvía la última y más importante información, que es que Lubitz fue tratado largamente por conductas suicidas… No se yo… No me parece un testimonio nada fiable…

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