EPI

Ahora que estamos acostumbrados a ver a Españoles en la NBA, quizás os sorprenda que os hable de Juan Antonio San Epifanio, Epi II o EPI, en mayúsculas. Lo de Epi II viene porque el Epi I fue su hermano Herminio San Epifanio. Herminio fichó por el Futbol Club Barcelona, y quizás haya sido el mejor fichaje de la historia del Barça de Basket, porque de regalo venía el fichaje de su hermano menor Juan Antonio. Lo demás forma parte de la mítica y la leyenda del Baloncesto Español.

En el Barça, junto con Solozabal, Jimenez, Creus, Sibilio, Audie Norris, etc, rompieron la hegemonía en la Liga Española, ahora denominada  ACB, del Madrid, para empezar una nueva era en blaugrana. Maravillosos fueron sus duelos anotadores con Drazen Petrovic, de quien ya hemos hablado aquí anteriormente. Su equipo lo ganó casi todo, ya que solo la presencia de un extratosférico Toni Kukoc en la mítica Jugoplastika de Split (después Pop 84), le privó de hacerse con la tan ansiada Copa de Europa. Fue elegido mejor jugador Europeo de los 80, y obran en su poder diversos records de anotación y de partidos jugados en la ACB. Sus últimos minutos como jugador de baloncesto los disputo en el quinto partido de la final de la liga ACB del año 95 para anotar los dos últimos puntos del partido, y ganar así su séptima liga.  Evidentemente, su eterno número 15 nunca será vestido por nadie más en el Barça y está colgado en lo más alto del Palau Balugrana.

Con la Selección Española, además de ser el jugador que más partidos ha jugado jamás con la camiseta roja, también formo parte de una de las épocas doradas de la misma. Fue uno de los titulares de la plata de Los Ángeles 84. Aquí en este video podemos verlo ya retirado con algunos nombres míticos del baloncesto en un videoclip de su antiguo compañero de equipo Loquillo.

Pero sin duda, los Barceloneses siempre tendremos en la retina un momento en concreto de su carrera, y paradójicamente no fue en una cancha de basket. Epi tuvo el honor de ser el último relevista de la antorcha olímpica en las Olimpiadas de Barcelona ’92. Epi cogió el último relevo del fuego olímpico en medio del tartam de la pista del estadio olímpico de Montjuich de mano de Herminio Menéndez, dio un cuarto de vuelta y pasó entre la multitud de atletas que llenaban el centro del estadio, mientras las gradas se teñían de azul y estrellas, en alegoría de la bandera de la UE, en una apoteosis que finalizó cuando le ofreció el fuego olímpico a Antonio Rebollo para que con una certera flecha en llamas encendiera el pebetero. Creo que es el momento más glorioso que jamás ha vivido esta ciudad, y siempre estará ahí cuando revivamos ese momento en nuestras memorias. Gracias Epi, por todo.

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