Madre

Hace exactamente 14 años que todo empezó a ir mal.

El 28 de diciembre del 2000 mi mundo era de color de rosa. Había empezado a estudiar derecho en la UAB, me acababa de sacar el carnet de conducir y llevaba un AX rojo que me encantaba, me pagaban por ver los partidos del Barça y salía con una bonita chica. Justo hacía cuatro días que la había presentado en casa el día de Navidad. Era la primera vez, que como mis hermanos siempre hacían, acudía acompañado a la comida de Navidad. De hecho mis hermanos estaban todos felizmente casados y habían nacido mis 5 sobrinos. Recuerdo perfectamente que aquel año lo celebramos en casa de mi hermana, y recuerdo perfectamente su sonrisa cuando nos vio a todos, la familia al completo, cada uno con su pareja. Yo tuve una adolescencia digamos que algo rebelde. Siempre fui un estudiante brillante, pero me podía la necesidad de vivir nuevas experiencias. Supongo que era la rebeldía propia de la edad. Una anécdota que lo ilustra bien fue cuando me hice cortar mi larga melena la noche de antes de hacer la selectividad. Hice la selectividad en Septiembre y aquel año, como siempre, lo había dedicado a estar en la playa y a salir de juerga con los amigos y a hacer como el que estudiaba. Total, que me presentaba a la prueba académica que determinaría mi futuro sin haber estudiado un solo minuto, y tenía claro que no iba a aprobar. Triste por no darle más que disgustos a mi madre decidí hacer aquello que ella tanto anhelaba…Sí, cortarme el pelo… Si no iba a darle un aprobado, al menos podría ver a su hijo con el pelo bien cortito y arreglado todas las mañanas… Luego resultó que no sólo aprobé la selectividad, sino que saqué unas notazas, que a la postre, me servirían para entrar in extremis en la facultad de derecho de la Autónoma.

Volviendo al relato anterior, aquel día de navidad la vi radiante, pues parecía haberse completado el círculo. Yo también era inmensamente feliz. Todo me iba rodado y sentía que nada podría pararme. Tenía todo lo que quería y que siempre había deseado. Un coche, una novia, buenos amigos, una familia perfecta y ver los partidos del Barça y cobrar por ello… Estaba en la cresta de la ola.

Tal día como hoy pero en el 2000 le comenté a mi madre que ya que mi chica había pasado el día de Navidad con nosotros yo pasaría nochevieja en casa de sus padres. A mi, la verdad, es que pasar la navidad en Sant Cugat no me hacía especial ilusión, pero me pareció justo repartir las fiestas entre las familias de los dos de la manera más equitativa posible. Ella no lo entendió así y tuvimos una gran discusión después de la comida que desembocó en un fuerte portazo y yo conduciendo a todo lo que daba mi AX rojo camino a Sant Cugat para buscar refugio en los brazos de mi chica.  La bronca había sido monumental. Nos habíamos dicho palabras muy gruesas, lo cual no era del todo inhabitual debido al fuerte carácter que la genética había tenido la gentileza de transmitirme vía materna. Al día siguiente era su cumpleaños y mi novia no paraba de intentar convencerme para salir a comprarle algo, pero yo estaba lo suficientemente furioso como para no ceder. Toda la tarde fue un continuo tira y afloja hasta que pocos minutos antes de las 9 de la noche salí corriendo y le compré una modesta radio en una tienda de electrodomésticos que había en la calle Santa María de Sant Cugat.

No fue hasta las 12 de la noche pasadas que no llegué a casa. Ella estaba sentada en el sillón dónde solía sentarse mi padre viendo la tele. Mi padre ya dormía. Entré, la miré y le dije “Ya es 29, felicidades”. No hizo falta decir nada más. Estuvimos hasta altas horas de la madrugada charlando. Charlando de la vida y de cómo me había hecho mayor, charlando como nunca lo habíamos hecho. Charlando como nunca más lo volveríamos a hacer.

A la mañana siguiente ella estaba en la cama, se encontraba mal y me mandó al mercado a por callos para prepararlos para la Nochevieja. Cuando volví del mercado había empeorado. Luego ya vino la ambulancia, verla en una camilla llevándosela a quirófanos y finalmente verla inerte sobre una camilla tapada por una sabana blanca.

No solo es que se fuera una persona maravillosa, no solo es que desde entonces ya nada ha vuelto a ser igual para mi,no es solo que para mi la vida desde entonces es un eterno y continuo descenso en picado que parece no tener final, ni siquiera después de haber sobrepasado los infiernos, Es que ya nunca más iba a volver a verla y por siempre iba a sentir esta inmensa sensación de vacío.  Así pues, cuando llegan estas fechas todas las palabras me sobran.Te hecho tanto  de menos, madre.

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12 thoughts on “Madre

  1. Supongo que tener una infancia feliz y una madre maravillosa es lo mejor que le puede pasar a uno. Sin embargo, mi madre fue un engendro terrible y malo. Murió hace tres años y la he olvidado totalmente. Pienso en ella como en una tormenta que felizmente se aleja. No ha dejado ningún hueco ni la echo de menos. Pienso en algún sentido que ha sido la persona más importante de mi vida: me enseñó el valor y la realidad del horror en mi infancia. Pero tengo ahora el enorme consuelo de no tener ningún hueco. Nada que amargue mi vida. La fui a acompañar al crematorio y la vi tan fea como siempre. No sentí nada. He escrito mucho sobre ella. Pero algo bueno tuvo. No me pasa lo que a ti. No sé qué es mejor. Los padres tienen que morir, coño. Aléjate de ella. Recuérdala buena y agradece lo que te dio. No cometas la estupidez de sentir remordimiento ni dolor por lo que es inevitable. Pero más bien creo que este recuerdo lo utilizas como pantalla. Es un constructo mental que haces para explicar estos catorce años que han ido, según tú, cuesta abajo. No necesitas a tu madre. Se fue. Se fue. No sé si está en otro lugar. Cree lo que quieras. Pero seguro que a ella no le parecería bien tener un hijo tan poco agradecido. Te dio una infancia feliz y tú se lo pagas con una madurez penosa justificándote en ella. Ella se merece algo mejor. Atrévete a distanciarte de ese recuerdo y vive, coño, vive sin ese peso.

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    1. Hay algunas de las palabras que dices que duelen. En primer lugar, agradecido le estoy de todo lo q soy. De q la culpo de como soy ahora y de lo malo que paso, en absoluto. Simplemente, la muerte de mi madre fue un punto de inflexion negativo. Es evidente que no la culpo de las muertes que han habido en mi familia ni de la enfermedad de mi padre, que casi nos lo quita, ni mucho menos de mis fracasos a nivel personal… Pero que aquel 29 de diciembre significó un antes y un despues para todos los miembros de mi familia es una evidencia incontestable…

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      1. No pretendía causarte dolor, pero tú has sacado este recuerdo y estás expuesto a que se te diga algo más que qué pena, chico. Puedo entender lo que significó para ti y que aquello fuera un punto de inflexión, pero también es cierto es que uno debe saber quitarse el peso de encima del recuerdo. Pienso yo. Haces un relato de tu vida en que este punto lo tomas como inflexión y relacionas todo lo que vino después como parte de una trama que tuviera sentido o de que en algún modo fuera una especie de destino al que adjudicas unos episodios. No te voy a decir ánimo ni nada de eso. Solo que eso no es así. Que es la construcción mental que haces. Y es peligrosa. Y causa dolor. Y es inútil. Y lo peor que te puede pasar es que la veas justificada y con sentido y que cada día va confirmando que aquel día inició un descenso hacia ninguna parte. No es así. Quizás necesites a un buen terapeuta para iniciar un borrón y cuenta nueva. Empezar a escribir tu propia historia sin nostalgia. Un tiempo nuevo. Y perdona si me meto donde no me llaman, pero tú has escrito sobre esto. Y me resisto a ofrecerte mi hombro para que llores.

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      2. Veo que no has entendido nada… Estas lineas no son para autocompadecerme sino un homenaje. A una terapeuta he ido y hemos hablado del tema profusamente con resultados positivos. Creo que interpretas erroneamente estas lineas, pero tienes razon, al escribirlo en el blog me expongo a que la gente opine…

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  2. Es curioso el distinto significado que tiene la palabra madre para ti y para mí. “Madre no hay más que una”. Menos mal me digo yo. Yo también he necesitado un largo proceso para entender aquello. No tiene nada que ver con lo tuyo, Juan. Tú tuviste suerte, supongo. Pero a estas alturas casi tengo por una fortuna el haber vivido una niñez atroz. No sé qué sería yo si hubiera tenido una infancia feliz y todo eso, Y haber tenido una madre a quien echar en falta. No lo puedo saber, claro, pero lo cierto es que he llegado a un punto en que veo todo aquello como una historia en clave que me ha servido para ser como soy y casi estoy por agradecerle a mi madre que fuera tan mala y que me maltratara. Lo digo sin sarcasmo y sin la más mínima sensación de que lo que viví fue injusto. En cierta manera fue interesante. Me hizo madurar -mal- en muy pocos años. A los seis había vivido todo lo que se puede haber vivido. Miro a aquel niño y me veo ahora. Como si no hubiera mucha distancia. Tenía huevos el cabrón. Y le jodieron la vida y él aprendió a darle la vuelta a eso y llegar a ser un adulto feliz. No tiene nada que ver con lo que has escrito que efectivamente rezuma aquello de qué feliz era yo hasta que un día, zas, recibí un hachazo invisible y homicida. Y nada volvió a ser igual. Y mi vida es triste desde aquel día en que ella se fue. Crees que has escrito un homenaje a tu madre pero a la vez es una llamada de auxilio y de perdón. Fíjate en lo que te han escrito los que han comentado en el fb. Es lo que se supone que debe escribirse. Un recuerdo triste compartido. Animo, chico. ¡Qué tristeza! Me gustaría tomarme una botella d de vino contigo hablando de nuestras respectivas madres, pero ya no bebo nada hace un año. Así que lo único que queda es el café. Me he quitado de todo, menos el café. Fíjate si mi madre era que tengo fotos de ella en sus últimos momentos. La iba a ver a la residencia y le hacía reportajes fotográficos para objetivarla indefensa ya. Son fotos buenas algunas de ellas pero las he publicado en lugares de fotografía creativa y nadie las ha votado. La imagen que da mi madre es tan poco tierna, tan poco enternecedora, tan oscura que nadie se ha sentido conmovido por ella. Y han mirado hacia otra parte. Pero fue todo un personaje. En algún momento quise escribir un libro sobre ella. Ya no. He escrito sobre ella en el blog en varias ocasiones. Fue lo peor que me podía haber pasado, pero ahora lo veo con humor. Era como si de niño te dieran un puzzle con un millón de piezas mientras los demás niños estuvieran con puzzles de ocho piezas. Los felices, claro. Terrible, pero aprendes a hacer puzzles, jodidos pero contentos. Un abrazo.

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    1. Tienes razon, mi madre no era asi. No me imagino poder poner en mi boca las palabras que tu dices de la tuya. Supongo que cuando me refiero al momento de su muerte como punto de inflexion negativo puede parecer otra cosa, pero lo hago desde la objetividad. Una de las que me comenta es una de mis sobrinas y no conocia la historia, con lo que quiero decir que no vivo en la autocompasion. Dicen que cuando pierdes a alguien querido tienes que pasar por un periodo de duelo. Yo esa fase la supere hace mucho, pero me acarreó unas facturas emocionales que no han sido baratas. Afortunadamente, hoy 14 años despues me permito homenajearla de esta manera. Y si un dia me quedo en casa, melancolico, recordandola, pues que cojones, me lo puedo permitir… Era una mujer cojonuda… Tuve mucha suerte de tenerla como madre y podria haber glosado sus virtudes, pero me parecio que hacer el ejercicio de volver 14 años atras y rememorar aquella conversacion en la madrugada y porque no, expresar el vacio irremplazable que dejó, no me parece autocompasión, sino un acto de justicia.

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      1. Lo siento, Juan, me tenía que haber limitado a compartir tu legítimo dolor. Quise distraerte, llevarte a otro lugar, hablar de ti y de mí. Pero una madre tiene que ser algo muy grande. Yo no lo sé. Un abrazo muy fuerte.

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  3. No quiero entrar en el debate. Solo recordar que es fácil que cuando uno escribe de algo tan personal no se entienda a la perfeccion. Es lo que tiene la escritura y por eso a algunos un libro o relato les parece maravilloso y a otros no. Cada uno puede que lo interprete de una forma.
    Lo aprendí en el instituto cuando un profesor me hizo ver otro punto de vista de un libro. Gracias Jl.
    Para no liarme más bonito detalle homenajear a alguien querido. Y como la interpretación es libre te digo puedes volver a estar en la cresta de la ola. Hay muchas olas a las que subir.
    Bona nit

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    1. Gracias Sara por opinar. Tienes razón JL, además de inocularnos el virus de la lectura y la escritura a algunos, nos inculcó el espíritu crítico… Y no es que no acepte sus críticas, es que casi me veo en la obligación de disentir de ellas, sobretodo, para no decepcionarle! (evidentemente, es broma). En serio, agradezco mucho cualquier opinión. El hecho que alguien gaste un minuto de su vida en leer este blog y expresar lo que le sugiere me llena de satisfacción… Todos escribimos para que nos lean… Sobre tu comentario que afirma que puedo volver a estar en la cresta de la ola te diré que aquella sensación de perfección de aquellos días previos a la muerte de mi madre no los he vuelto a sentir, pero en estos momentos me siento bastante bien. El escribir me llena, como me llenan la cantidad de buenos amigos y amigas que tengo y mi maravillosa familia. Gracias también por forma parte de la cuota de amigas!

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