La Odisea (1ª parte)

Sin tratar de emular a Ulises, la Odisea que he vivido este fin de semana junto a un gran amigo ha sido una de las experiencias más enriquecedoras que me ha tocado vivir últimamente. Resulta que mi amigo quería comprarse un coche y había visto uno que estaba ubicado en la ribereña localidad de Coria del Rio, ciudad que está a unos quince kilómetros de Sevilla siguiendo hacia su desembocadura el Río Guadalquivir.

Coría del Río
Coría del Río

Llegamos a Coria para llevar a cabo la transacción y una vez realizada la misma le preguntamos al vendedor del vehículo , la mejor manera para llegar a Las Cabezas de San Juan, lugar dónde pasaríamos la noche. Este señor nos indicó que la mejor manera para llegar a Las Cabezas es cruzando el río en una barca y una vez en el otro lado seguir la carretera a la derecha hasta encontrar un indicativo que indicase Los Palacios. Una vez llegado a los Palacios yo ya sabía llegar al destino. Así pues siguiendo las indicaciones de este buen hombre procedimos a cruzar el río en la barca

Barca de Coria

Barca de Coria

Una vez llegamos a la otra orilla seguimos la indicaciones del señor hasta que vimos un puente que cruzaba el río Guadaira, también de ostensibles dimensiones, pero el indicativo señalaba dirección Sevilla, y era justo la dirección contraria que debíamos seguir, así que nos mantuvimos en la carretera que discurría dirección al Sur paralelo al Río Guadalquivir. La carretera de repente se tornó más estrecha pero seguía estando en buen estado y las largas rectas y el maravilloso paisaje invitaban a continuar adelante. Mi compañero de viaje y yo mismo estábamos extasiados con la belleza de aquel lugar. De repente la carretera se tornó en un carril, que estaba en muy buen estado, sin casi darnos cuenta, porque el paisaje no hacía sino que aumentar en belleza. Surcábamos aquellos caminos con los ojos abiertos como niños descubriendo águilas, garzas, grullas que surcaban el cielo a nuestro paso. De pronto los  bellos campos que jalonaban el camino se tornaron vastas superficies de agua que lo inundaba todo excepto el camino. Sin darnos cuenta estábamos en mitad de las marismas, sin darnos cuenta estábamos en medio del  Parque de Doñana. Seguíamos conduciendo recorriendo las marismas, aún sin podernos creer donde estábamos. De repente noté que el comportamiento del vehículo era inestable y que se iba de la parte trasera. Iba a cierta velocidad y el peligro de salirnos de la carretera e ir a parar al agua era inminente, así que tuve que descender drásticamente la velocidad. Al bajar de marchas comenzamos a hacer surcos en el barro quedándonos atascados a cada metro que avanzábamos. No podíamos dar la vuelta porque no había espacio, no podíamos ir marcha atrás porque no era viable y difícilmente podíamos avanzar. El vehículo era ingobernable y si conseguíamos coger un poquito de velocidad el coche se deslizaba a su antojo siendo el volante un mero accesorio decorativo para el conductor, lo cual teniendo un abismo de agua a ambos lados nos hacía  pensar que no era buena idea intentar cambiar el sentido de la marcha. Bajamos del coche en medio de la desesperación. Estábamos en medio de la nada en un lugar dónde, sin lugar a dudas, no debíamos estar, sin un alma a quien pedir socorro y sin poder pedir socorro por el móvil, ya que en primer lugar no sabíamos dónde estábamos y segundo, ninguna asistencia podría habernos rescatado allí dónde estábamos. Para colmo, el vehículo, recién comprado e impoluto hacía unos minutos parecía que había pasado por alguna etapa de algún raid. Estaba cubierto completamente de barro. Nosotros, que habíamos salido del vehículo para evaluar la situación también lo estábamos. Ciertamente, estábamos preocupados por la situación , pero por otro lado estábamos alucinando por lo rocambolesco de la situación. De mientras yo recibía llamadas de mi primo preguntándome si tardaríamos mucho en llegar, y yo contestándole que no estaba en la mejor disposición de calcular cuanto tiempo íbamos a tardar en salir del atolladero dónde estábamos metidos. A mi amigo se le ocurrió utilizar las esterillas traseras del vehículo para que este cogiera tracción y funcionó, pero yo me quedé fuera del vehículo recorriendo una recta de unos 50 metros con las esterillas llenas de barro en las manos. Una vez llegué costó de nuevo volver a arrancar, pero ya se vislumbraba el final de aquella maldita recta. Al final de la misma se adivinaba un carril de grava, apto para la conducción sin jugarse la vida, pero lo que nos separaba del mismo era una pequeña cuesta llena de barro con unos surcos enormes. Esta vez llevaba el control del vehículo mi compañero. Me dijo que me agarrara bien fuerte, le pegó un fuerte acelerón y.. lo demás es historia. No se describir las sensaciones exactas que tuve en ese preciso momento. Creo que el coche en algún momento tuvo las cuatro ruedas en el aire, pero milagrosamente logramos pasar y llegar al carril. Lo peor había pasado: Aquel carril deshacía el camino que habíamos hecho pero remontando el cauce del río Guadaira hasta que nos topamos con el puente que lo cruzaba.  Perdonad que no pueda ilustrar este segmento del viaje con documentos gráficos, pero todas nuestras capacidades estaban puestas en salir de allí.

Una vez tomamos el puente en seguida encntramos un indicador que anunciaba una entrada a la A4. Estábamos salvados. En 20 minutos llegamos a nuestro destino: Las Cabezas de San Juan… pero eso ya es otra historia…

Las Cabezas de San Juan
Las Cabezas de San Juan

(Continuará…)

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2 thoughts on “La Odisea (1ª parte)

  1. Y yo aquí encerrado en casa… brrrr… Me has dado envidia total. Una vez estuve en Coria pasando una noche hace años, pero desconocía que estaba cerca el parque de Doñana al que no sabía que se podía acceder libremente. Una vez pasé al parque de doñana desde Sanlúcar de Barrameda cruzando el río, pero fue una incursión mínima. Desde luego es una aventura que abre deseos de emulación pero sin prisa y a ser posible con mochila y tienda de campaña si es que fuera posible. Hace unos veinte años no había ocasión que no pudiera que no me fuera a Andalucía. Estaba enamorado de esa tierra. Luego me distancié y cambié mis destinos por las Canarias. Hice siete u ocho viajes a Andalucía recorriéndola. ¡Qué nostalgia!

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    1. Pues si, cruzando el río en Coria y bajando el cauce del Guadalquivir se entra en Doñana por el noreste del Parque… Se ve que el camino estaba abierto, entiendo que por las lluvias, de cualquier manera la gente no suele transitar por allí, de hecho nosotros lo hicimos por error. Estar allí con una tienda de campaña no se puede, sólo dejan cuando hay romería, pero tampoco hay sitio donde acampar, al menos por donde pasamos nosotros, ya que la parte que no es camino es marisma, que a la mínima que llueve un poco se inunda. Sobre Coria he hablado poco, es un pueblo peculiar con una amplia colonia de Japoneses, y de gente que se apellida Japón. La historia es bastante curiosa pero la he pasado por alto. Sobre Andalucía… Que decirte… Es tan variada y tan bella… Acabo de llegar de allí y ya estoy planeando la vuelta… Y su gente…los añoro tanto! En fin, hay que ahorrar para volver pronto!

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